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Decir Adiós...
 
 
Estábamos cerca de la fecha del viaje de mis padres y mi tristeza ya comenzaba a asomar.
Toda la familia iba y venía trayendo cosas para que ellos lleven, además de darles siempre sus buenos deseos. No recuerdo haber visto temor alguno en sus rostros.
Cuando llegó el día, unos amigos de mis padres que tenían una camioneta vinieron a buscarnos para ir a  Ezeiza.
Todos parecían contentos, traían un cartel de despedida con la mejor onda.
Yo era la única que ya comenzaba a llorar. No era un berrinche, ni contestaba caprichosamente .Sólo pensaba……..De qué se estarán riendo?
No sabrán para que están viajando?
Sólo tenía 5 años y sabía que al volver del aeropuerto comenzaba un circuito de casa en casa. Primero en lo de mi abuela materna, lugar donde comenzó una historia con la comida difícil de sobrellevar .Esto quedaba en Lanus.
Esa casa de Lanús es donde yo crecí, sufrí, me eduqué, jugué y pasé buenos y malos momentos hasta mis 26 años que vine a vivir a la Capital.
En el primer departamento vivía mi abuela paterna. Mujer brava  y poco afectiva.
Ahí comenzó la espera de noticias del regreso de ellos.
Cada carta que llegaba desde Estados Unidos si la escribía mi papá era una fiesta .Nos mandaba muchos chistes y dibujos.
Si  las mandaba mi mamá, la abrían primero los grandes, seguro traían noticias directas de la internación, estudios, posible fecha de operación.
Datos que eran para los grandes como se decía antes.
En esa época el teléfono era un recurso que en mi barrio solo lo tenía una casa En esos 2 meses que pasé con mis padres afuera, hablé alguna vez…
El pasillo de esa casa era muy largo y tenía tres departamentos, cómo ya les conté en el primero vivía Berta, en el segundo vivían mis tíos Silvio y Aída y en el tercera mis padres, mi hermana y yo.
En el transcurso de esos dos meses, yo comencé mi escuela primaria. Primer grado, tengo La foto obligada que en esa época era en blanco y negro.
Otra tía que vivía a la vuelta, nos venía a buscar  muy temprano para llevarnos al colegio Martín Miguel de Güemes. La 9 de Lanús.
Salíamos al medio día y volvíamos con varios chicos del barrio. Todos juntos y charlando.
Los llamados a la casa de enfrente comenzaron a ser más seguido, mi abuela y mis tíos ya sí estaban inquietos.
Un día, una tía de mi papá y sus dos hijas que vivían en San Isidro nos vinieron a buscar .
Para nosotras, mi hermana Viviana y yo era una situación de mucha alegría estar ahí, era un lugar a donde la pasábamos genial.
No recuerdo cuantos días estuvimos en San Isidro, pero cuando nos dijeron que íbamos a regresar era porque en casa ya estaban mis padres.
Cuando abrieron la puerta de la calle Melo, ese pasillo parecía interminable.
Comencé a escuchar murmullos lejanos y algunos más fuertes que otros.
Cuando entramos al departamento….. Estaba lleno de gente , gente conocida y gente que no había visto nunca , que intentando un gesto de cariño , que después entendí como lástima , quedaban ante mí bastantes ridículos .
Tanta gente y yo no podía llegar hasta a donde estarían mis padres….Nunca más. Nunca más pude decir así…mis padres.
Encontré a mi mamá quién nos abrazo con desesperación .
Cuando abrí la boca fue para preguntar por mi papá.
...No quedaban pasajes me contestó .Viene la semana que viene.
Al llegar nosotras , los desconocidos comenzaron a irse de a poco .Con qué lástima nos miraban …que horror ¡
Mi mamá comenzó a darnos los regalos que nos habían traído y otros que nos habían mandado la familia que tenemos allá.
Recuerdo las muñecas que caminaban , la mía era rubia y la de Viví morocha. Eran muy grandes  , en ese momento casi tenían mi altura.
Al quedar la familia sola , fuimos al departamento de mi abuela a cenar .
Y ahí fue cuando nos lo dijo. Estábamos sentadas una en cada pierna de mi mamá . Yo 5 y mi hermana 7 .Papito se fue al cielo.
Toda esa gran mesa estaba llorando , yo la hija menor de Mario (así se llamaba mi  papá ) estaba furiosa , es un dolor muy difícil de explicar .Pero en esa escena , también estaba su mamá , sus hermanos ,sus seres más directos además de nosotras .Ahí sí sentí que el dolor era genuino.
Cuánto dolor , cuanta pena ,cuanta búsqueda comenzó en ese momento .
Los grande se habían ocupado de todo .De trasladarlo muerto a la Argentina , velarlo y enterrarlo acá .
Los grandes se habían ocupado también de darnos intervención cuando ellos lo consideraron…Nos habrán querido proteger ¿ no lo sé …..
Sólo sé que estuve años buscando a mi papá .A la vuelta de una esquina , al subir a un colectivo . En lugares comunes y otros no tanto . En esa búsqueda comienza también el adaptarse a los cambios que toda esta situación  trae  consigo .Mi mamá trabajando todo el día , nosotras a cargo de empleadas que yo me ocupaba de echar (según mi mamá por mi comportamiento) ….En fin  un vínculo muy difícil con mi madre y una unión incondicional hacia mi hermana.
Persona a la que adoro . Fue la que me tiró las primeras pistas  para seguir creyendo en la vida , las primeras caricias para tocar el dolor  , me ofreció su defensa ante los golpes de Olga .
Gracias Viví , contá conmigo –
Estoy para lo que necesites.
 
Silvina Katz

 
 
 
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