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La Adriana que nadie conoce- Besmagazine
 
 


Era maestra del jardín Amapola cuando los papás de sus alumnos le pidieron que grabara los temas que compartía con sus hijos. Así surgieron los míticos discos del jardín de Amapola en los que su nombre ni siquiera aparecía. El último de ellos vendió 200 mil copias. De a poco comenzó a tejer el sueño de hacer algo propio. Así surgió Cantando con Adriana y no se detuvo nunca. En el año 2001 golpeó la puerta del Paseo La Plaza para ofrecer un espectáculo y terminó haciendo 4 funciones diarias a sala llena. Once años después, agota 2 funciones diarias del teatro Astral. Pero además, es dueña de su productora (Para chicos producciones), vende sus discos (lleva editados 8),  libros (publicó 6), videos, mochilas, peluches, pañales, álbumes de figuritas y más. En 2007 su obra y trayectoria fue declarada de interés general por la Cámara de Diputados de la Nación. Pero el sueño le ha regalado mucho más que éxitos.  Acaba de lograr, junto con un equipo de colaboradores, la remodelación y ambientación de la sala de espera de Pediatría del Hospital de Cínicas. El proyecto forma parte de la iniciativa Botiquín para el alma, que tiene como propósito llevar alegría y color a los niños que están hospitalizados.

-Contame tu último sueño…

-Entrar a los espacios de salud pública, llenar a los chicos de alegría para que puedan tener una espera un poco más liviana, más relacionada con el juego, con el mundo infantil. El año pasado estaba firmando ejemplares en la Feria del libro y “casualmente” se lo conté a la persona que me había convocado. Ella me dijo: “cuándo termines la temporada de teatro te voy a llamar y te voy a ayudar”. Y así fue cómo empezamos a armar todo esto. Una arquitecta  se sumó a nuestra obra ad honorem. Nos empezamos a mover y conseguimos la pintura, unos juguetes increíbles, libros, una tele, en fin, todo lo que hacía falta para ambientar la sala de pediatría del Hospital de Clínicas. Y hoy que el sueño es una realidad, es muy fuerte recorrer los pasillos y ver que las únicas paredes pintadas de colores llamativos son estas.  

-Hay gente que dice que es mejor no contar los sueños. Vos hacés todo lo contrario. ¿Por qué?

-¡Siempre los cuento! Siento que si la causa lo merece se van a cumplir. En realidad, es la única manera de que se cumplan.

-¿Cómo surgió la idea de llevar alegría a los hospitales?

- Hace unos años me llamaron de Make a Wish contándome que había una chiquita con una enfermedad muy grave, que tenía el sueño de conocerme. Fui a verla al día siguiente. Fue muy fuerte entrar en la habitación de una nena con una enfermedad terminal y sentir que es un lugar lleno de vida de dibujos, de juegos, libros, etc. … Ese día, tocamos la guitarra, cantamos, jugamos a las escondidas con las sábanas y nos reímos mucho. Fue muy fuerte para mí conocer a Julieta. También a su mamá, Valeria Schwalb.

-¿Por qué?

-¡Aprendí muchísimo! Ellas me enseñaron que todos los que rodeamos a los chicos que están enfermos debemos ocuparnos de contenerlos, de darles amor, de no perder de vista que siguen siendo niños y que no deben renunciar a esa alegría que los ayuda mucho a transitar de otra manera su enfermedad. Empecé a ir a visitar a los chicos a las salas de los hospitales y conocí una realidad nueva para mí, muy diferente a la que vivía hasta ese momento, viendo a los chicos en el teatro. Por lo general, invito al teatro a chicos hospitalizados que pueden trasladarse, pero hay muchos que no pueden integrarse a una función. Ahora me estoy ocupando de ellos.

-¿De qué manera?

-De muchas, depende. Los voy a ver, los escucho, les canto. Hace unos días estaba en el Clínicas esperando a que me atendieran cuando llegó un nene, estaba muy asustado y no quería tomar una leche que le habían dado. Yo me acerqué y dulcemente le pregunte por qué no la tomaba, y me respondió: “Así, blanca no me gusta, en mi casa yo la tomo con chocolate”. Hablé con las enfermeras y resultó que no había ningún problema en hacer el cambio. Siento que hay tanto por enseñar sobre la sensibilidad y la comprensión que los chicos necesitan. Es fundamental preparar al personal de salud y, en realidad a todas las personas, para saber acompañar en un momento así.

-La mayoría de la gente que vive una situación de ese tipo se somete al sistema de salud, en todo sentido. 

-Después de conocer a Julieta y a Valeria me encontré, por ejemplo, en una sala de terapia intensiva cantándole a una nena en coma. ¡Los padres la querían toca, la querían mimar y las enfermeras no los dejaban! No todas las personas tienen el coraje de Vale. La mayoría hace lo que les dicen. Pero no me quedé tranquila. Empecé a preguntar y a insistir con el tema hasta que al final conseguimos la autorización para que los padres se acercaran a mimar a su hijita en coma.

-Es un sistema donde el amor tiene poco espacio.

-Te cuento algo increíble: fui a un hospital a visitar a una nena que tiene cáncer. Mientras esperaba escuché a dos médicas diciendo que ya estaban cansadas de decirles a las residentes que dejara de encariñarse con “los oncológicos”, porque cuando mueren ellas sufren un montón. Se me empezaron a caer las lágrimas. Me acerqué y les dije que hicieran todo lo contrario, que no dejaran nunca de darles cariño a los chicos que atienden. Fue muy fuerte ese momento. ¡Estaba hablándoles a dos médicas desde un lugar inédito para mí! Le encontré un sentido a mi trabajo, una misión.

-Te encontrarás en muchas situaciones emocionantes en la calle, me imagino…

-Hace un tiempo viví algo increíble. Fui con mi familia a comer a un restaurant. Los padres de una chiquita me dijeron que como era autista no me iba a reconocer. De repente, fui al al baño con mi hija y ahí estaba. Yo empecé a cantar, la nena me miró, me tomó del cuerpo y me bajó a su altura, y me empezó a besar. ¡Mi hija no lo podía creer! ¡La madre lloraba! Le canté las canciones que le gustaban y ella empezó a cantar conmigo. “Nunca hizo esto”, me dijo la mamá. Es increíble todo lo que la vida me regala todo el tiempo.

-Parece que aprovechás las oportunidades para dar…

-Es que se pueden hacer tantas cosas. Estuve esta última temporada ayudando a los papás de chicos que tienen TGD (Trastorno generalizado del desarrollo) a juntar firmas para poder ampliar la ley de discapacidad y que los chicos autistas tengan una total cobertura. A veces, pasan años hasta que los aceptan en la escuela o no pueden tener acceso a tratamientos. A esos padres que juntaban firmas me los encontré en la calle, les pregunté qué estaban haciendo y les di mi espacio en el teatro Astral y después de las obras todo el público salía a firmar. Siento que es bueno involucrarse y ayudar al otro. No hay que vivir algo dramático para entender el dolor del otro. Somos humanos y a todos nos puede pasar algo. No importa lo que des, todo suma y todo sirve.

   

 
 
 
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