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La felicidad posible
 
 

La felicidad pareciera ser la meta de la mayoría de las personas. Sin embargo varias de ellas, han renunciado a la misma por verla como un hecho imposible.

Se dice muchas cosas sobre la felicidad: que es un momento fugaz, efímero; que es la suma de algunos instantes; que no se puede ser feliz por siempre; que es un ideal inalcanzable; que depende de lo que nos pase en la vida. También se dice que la felicidad es una elección; que depende de la actitud con la que vivamos nuestra vida. Que se asocia a la sensación interna de alegría y satisfacción. La felicidad se piensa como el resultado de alcanzar nuestras metas; de sentir paz interior; de ser optimistas y enfocar de manera positiva las circunstancias de la vida.

Algunos intentan medir la felicidad, es decir, poder determinar cuán felices son, en función de los valores que consideran que llevan a la misma. Para cada persona tendrá relación con diferentes hechos: estar sano, casarse, tener hijos, poder viajar; bailar, cantar; ganar mucho dinero; tener una camioneta cero kilometro; recibirse; conseguir un buen trabajo, etc.

Ocurre que podemos encontrarnos con personas que parecen tenerlo todo y no son felices; y otras que pareciendo tener poco, sí lo son.

Por otro lado, podemos observar que en ocasiones lograr nuestros deseos más profundos no nos aseguran la felicidad. Porque no se trata de conseguir todo lo que deseamos, sino que se trata de desear. La felicidad está en el camino de desear, que es incesante. Allí es, que es posible sentirla. No debemos esperar al final del camino, al cumplimiento del objetivo, cuando llegue lo que esperamos que llegue. Porque entonces,  la felicidad es un futuro probable y no un presente.

La felicidad no es entonces un objetivo a alcanzar, un anhelo, sino un modo de vivir la vida; la consecuencia de nuestro modo de vivir lo que nos toca vivir. Es decir, que está directamente asociada a nuestro modo de pararnos en el mundo. Vivir una vida con sentido; amar; abrazar; disfrutar de los pequeños grandes momentos del día, una mirada cómplice con quienes adoramos; despertarnos, valorando cuánto podemos hacer; encontrarnos con un amigo; jugar con nuestros hijos. Contemplar  la naturaleza en sí misma como el sol, el viento, la lluvia, un árbol, una flor; jugar con nuestra mascota. Cocinar aquello que más nos gusta; agasajar a otros con aquello que más les gusta. Pensar en uno, pero no solamente en uno. Tomarnos el tiempo de observar si estamos contentos con quien somos, si nos gusta lo que hacemos. Darnos la oportunidad de madurar. Aprender a esperar los procesos naturales de las cosas. Dejar huellas a nuestro paso.

Felicidad no es que todo nos salga bien, que jamás fracasemos. Sino que tiene que ver con la manera en que vivimos lo agradable y lo desagradable para cada uno. La felicidad y las circunstancias no son proporcionales.  No seremos más o menos felices dependiendo de las situaciones. Porque no depende de los hechos, sino de nosotros mismos frente a ese hecho.  Comprendiendo ésta relación, quedamos libres de poder elegir ser felices, más allá de lo que pueda pasarnos y de la condición de las realidades que vayamos a vivir.

¿Cómo vivís tu vida?

Si esperas una felicidad que no llega, detenete a preguntarte si estas centrándote en tus deseos y el modo en el que vives, o estas esperando que nada te suceda. Lo segundo es francamente el motivo de tu fracaso. Lo primero hará que tu felicidad sea posible.

 

 
 
 
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