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La resiliencia me permitió perdonar al marmolero
 
 

Hay  momentos en la vida que he denominado “de ciencia ficción”. Durante los mismos a uno le cuesta creer que lo que está pasando es realidad. Y mientras transcurre esa situación y la vivimos, nos sentimos algo extraños.

Cuando decidimos mandar a hacer el monumento en el cementerio, luego de la muerte de mi pequeña hija,  me acerqué al encargado de la marmolería y le expliqué puntillosamente qué era lo que deseaba hacer. Simbólicamente, quería que la parte superior fuera de vidrio, transparente, como para que uno pudiera ver más allá. Sobre el mismo, le había pedido un corazón de mármol lo más parecido al naranja que tuviera, pues ese era el color favorito de mi hija, y como envolviéndolo, dos manos del tamaño de un adulto a cada lado.

Creí haberlo explicado, dibujado tan bien, como todo lo que deseaba ser interpretada. Pero evidentemente no fue así.

Elegir el monumento luego de la muerte de mi primera hija fue claramente un momento de ciencia ficción.

Cuando en medio de una ceremonia por el mes de su partida, junto a familiares  y amigos destaparon el monumento, me encontré con todo mi asombro que, la parte superior era de vidrio como habíamos pactado, pero en el centro, el corazón era blanco y las manos a los lados eran del tamaño de un niño y no abrazaban al corazón, sino que miraban hacia afuera. Me quedé atónita observando. Había sentido tanto dolor en el último tiempo, que ya ciertas cosas me tenían algo anestesiada. Lo importante y lo accesorio cobraban otro valor. Esto era fundamental para mí. Recuerdo que en ese momento pensé en silencio, “¿de quién habrá recibido las instrucciones ese señor?”. Yo había sido tan simbólica en mi solicitud, que algo me causó entre “gracia” y mucha impresión. Resulta que yo quería eternizar en la imagen, a nuestras manos de adultos dándole amor y calor al corazón naranja, y ahora estaba parada frente a un diseño  cuyo simbolismo sólo podía interpretar de un modo: una niña que con toda la pureza del blanco me estaba haciendo sentir que ella ya había recibido tanto, y ahora nos iba a poder dar mucho más.

La resiliencia  nos conduce a poder tolerar la frustración e interpretar los hechos más dolorosos de la vida desde un lugar saludable.

 
 
 
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