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Bio/ Valeria Schwalb
 
 
Nací en Argentina, un 16 de septiembre de 1974. Soy la menor de tres hermanos que me llevan ocho y seis años. O sea, llegué a una familia que había transitado una experiencia previa de a cuatro, y que me esperó y recibió con entusiasmo. Mis padres habían elegido tener un tercer hijo, y si bien ésta fue la única vez que lo programaron, llegué cuando dejaron de buscar. Mi mamá me cuenta que nací con dos vueltas de cordón en el cuello, morada, con poco oxígeno. En ese momento ella no se dio cuenta de que mi vida había corrido riesgo, porque nadie le explicó cuál era la gravedad o complejidad del asunto. Se quedó tranquila y sólo se centró en lo que un amoroso médico le dijo apoyándole una mano en el hombro: "Sra. quédese tranquila, su hija está muy bien". Y ¡claro!, ella ya estaba tranquila. Yo estaba bien. Así comenzaba mi vida. Más allá de lo que iría a suceder más adelante en mi historia, de las vueltas del cordón de la vida, tomaría el camino de seguir adelante, de aprender. Tuve la gracia de nacer en un hogar que me permitió explorar la vida sin miedos; que me ofreció muchas opciones para investigar mis herramientas; que me acompañó a elegir; que me escuchó abiertamente y sin juicios. Un hogar no rosa, sino realmente uno, en el que la paleta de colores era completamente vital. Quiero decir, soy la pintora de mi propia vida, y tengo la dicha de tener grandes maestros desde la cuna.

Tengo un apellido de origen alemán que se escribe muy difícil para nuestra cultura, pero se dice fácil. Tiene una sola vocal, la A. Raro. La verdad es que siempre fui Valeria, o Vale, porque nadie supo llamarme por mi nombre completo, ni en la escuela ni en la universidad. Aprendí a deletrearlo desde muy temprano para que, al menos, supieran escribirlo: S-C-H-W-A-L-B. La W suena como una U, pero cuando lo vemos escrito, parece algo ilegible y muy complejo. Quizá mi apellido también marque algo en mi vida: que aquello que parece difícil, no lo es tanto. Si aprendemos a leerlo, si nos tomamos el tiempo, lo que nos parece muy complejo puede resultar muy simple.

Dediqué mi vida al estudio del ser humano desde sus diferentes perspectivas. Desde el arte hasta la psicología, lo espiritual y el camino de lo orgánico por el que la vida me ha llevado. El ser humano es para mí un todo integrado, indivisible, que a su vez forma parte de otro todo más grande aun. Empecé con el arte desde muy pequeña, desde los siete años junto a mi padre con el teclado, la música y el canto. Luego continué con muchos años de formación, hasta recibirme como profesora de teclado y trabajar años con la voz y el canto, que es una de mis mayores pasiones. Por otro lado, desde muy chica estudié teatro y le dediqué más de doce años a la actuación. Luego, en mi adolescencia sentí una enorme curiosidad por lo trascendente, y lo espiritual. Estudié sobre las culturas de oriente y occidente. Sobre diferentes religiones. Hice algunos años de musicoterapia, expresión corporal, técnica vocal, y cursos de Psicodrama. Siempre fui muy sensible y perceptiva; y considero que aquel bagaje de elementos fue también muy importante dentro de mi historia. Todo recorrido es enseñanza.

Estudiar la carrera de psicología fue para mí una elección que decantaba luego de un largo trayecto. Sentí que necesitaba formalizar y reunir todo el camino en una función, que me permitiera ejercer lo que más amaba y aun amo hacer: ayudar a sanar.

Me casé con un hombre que conozco desde los catorce años. Nos enamoramos profundamente de grandes, como quien ve de nuevo a quien vio muchas veces, pero que nunca había visto antes de ese modo. Tuvimos juntos tres preciosas hijas. Nuestra primera hija, lamentablemente falleció de un cáncer a los tres años y medio. Este es sin duda, el hecho más doloroso de mi vida al mismo tiempo que la lección más intensa que he tenido. Luego tuvimos dos hijas más.

A ellas les dedico no solamente mi primer libro, sino también, la posibilidad de abrir mi ventana de luz e invitar a iluminar.

"Abrir mi ventana me cambió la vida. Encendió una luz que busca
alumbrar otras ventanas que, a su vez, irradiarán a otras.
En esta cadena de aperturas la llave es la resiliencia y la clave
es el amor"

De mi libro, "Todos Somos Resilientes", (Paidós, 2012)
 
 
 
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info@valeriaschwalb.com.ar
 
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